No hay ceviche malo....o eso dicen....
Soy un entusiasta de comer en mercados, en terminales pesqueros, en la "tía" del carrito sanguchero e incluso donde la señora que vende churros estilo "chavo del 8" (si esos con relleno de aire, solo azúcar y masa dulce, sin ilusiones) desde siempre he sido así y creo que por el resto de mi vida lo seguiré siendo. Carretillero a toda honra.
Este fin de semana largo, Satanás (mi esposa, no confundir con Lucifer, mi gato) y yo decidimos no salir fuera de lima, más bien pasar el día caminando por las calles de Barranco y llegar hasta Chorrillos. En nuestro recorrido casi rutinario de caminar por la ciudad y comer donde caigamos, decidimos seguir por el malecón, disfrutando de la vista y el sonido del hermoso mar limeño.
Llegamos hasta el Club Regatas, del cual mi esposa es socia, Satanás decidió entrar a lavar sus zapatillas, las cuales estaban llenas de arena por tanto meterse a buscar conchitas al mar. Ambos caminamos descalzos desde barranco hasta chorrillos, yo para acompañarla nada mas y ella por obvias razones. Comimos un helado con sabor a pituco, a pesar de la insistencia de mi mujer, no quise almorzar en regatas, el tufillo dejado por La Revolución y la Tierra no me permitía sacar mi tarjeta de débito de proletario y pasarla por un POS igual de pretencioso que el nombre este blog. Mi esposa quería que pruebe el cebiche de Castañeda, un restaurante marino en el Club Regatas que según ella no era tan fu fu fu fi fu. Pero como dije lineas arriba soy fanático de comer en lugares de barrio, por lo que me empeciné en salir del club pipirsnais para comer un cebichón en el terminal pesquero del costado, total no hay cebiche malo y si es en un terminal será excelente, o eso pensé.
Un señor que nos había tratado de jalar antes de entrar al regatas, indicando que vendía un buen cebiche junto a su esposa y su hija, nos había dado su tarjeta. "Alta Mar" decía la tarjeta, "El del toldo morado" nos había aclarado el señor. No se arrepentirán, dijo.
¡Craso error! ¡Fatal! He cometido errores garrafales con la comida en el pasado (como comer un pastel de choclo en la avenida Bolivia a los 13 años, que me causo una infección estomacal de dos días), pero nada, repito nada, supera semejante abominación. Confiar y pensar que cocinarían un buen plato de cebiche en un terminal de aparente popularidad me costó caro, los errores son muchos no se ni por donde comenzar con ese plato.
Intentare describir esta horrenda experiencia lo mejor que pueda y sin romper nada. Lo que pedí era una supuesta fuente de cebiche mixto "especial", lo que recibí fue un platito de segundo casi vacío, con 350gr de alguno que otro marisco y pedacitos de merluza de 45 soles.
- Primero, el plato estaba completamente insípido, le falto sal, limón, ají... Un poco más y le faltaba el pescado.
- Segundo, el pésimo estado de los mariscos, lo cual era un indicio de que eran guardados de días atrás y en terribles condiciones.
- Tercero, el cangrejo carecía de sabor, le habían quitado la parte del cuerpo más jugosa y solo dejado las pinzas (las cuales aunque sea sirvieron de entretenimiento a mi mujer que se sentó a desmembrar al crustáceo por una media hora mientras yo sufría)
- Cuarto, la cebolla estaba demasiado ácida y amarga, lo cual me llevó a la conclusión de que habían utilizado otro insumo para reemplazar el limón, y eso que no estamos en la crisis de los limones del 2017.
- Quinto, Lo peor fue el pescado, a pesar de ser un terminal pesquero, ¡El pescado no estaba fresco! ¡Joder! He comido en el mercado de independencia a las tres de la tarde y el pescado me sabia más fresco, tenia la carne firme y bien conservada... Curiosamente ambos pescados eran merluza. Pero esta era una baba de pescado, no creo que exista pescado blanco mas barato que la merluza y para cocinarla en cebiche debes de bañarla en sal, de lo contrario se deshace y pierde su sabor y cuerpo.
Siempre he considerado que cocinar es una experiencia que debe disfrutarse, mi madre era cocinera y tenia su puesto de comida en una galería comercial del centro de lima. Desde mis 15 años, hasta mis 18 años y a pesar de estar agotada de cocinar 6 días a la semana para personas que no conocía en lo mas mínimo ni le importaba conocer, ella cocinaba con el mayor cariño posible, para la persona que llegara a comer su plato.
Mas de una vez presencie la magia que existe tras un plato de comida: trabajadores ambulantes, ejecutivos que trabajan y salen a comer barato, madres y padres que iban a comprar ropa y zapatos a sus hijos, los veía llegar cansados y de poco humor, sentarse disfrutar el plato de comida que mi madre cocinaba e irse con una sonrisa de oreja a oreja,
Por ese referente es que siempre que pruebo un plato de comida en un lugar nuevo, voy con las mejores expectativas, para mí comer en un restaurante de la calle, en un "agachadito" o hasta en un restaurante lujoso es una experiencia inolvidable, lo disfruto mucho. Sin embargo, esa tarde en "ALTA MAR" fue la primera vez que salí llorando de un restaurante, llorando por el odio con el que se hizo ese cebiche, el insulto que recibieron mis papilas gustativas y el mal trato que se les dio a los alimentos, Los agricultores sembraron y cosecharon esa cebolla, los animales lucharon por su vida y un pescador se levanto en la madrugada a pescar (si es que era pescado fresco) para que esta gente me de un cebiche de aire con Aji Nomoto y Ace. La labor de un cocinero o de un chef es darle amor a su plato y un buen trato a sus insumos, no esa mierda que me sirvieron. He comido en restaurantes malos y nunca, nunca me he sentido tan despreciado como ese restaurante de chorrillos al que juro jamas volver.
En otras noticias, tendré que hacerle caso a mi esposa más seguido cuando un restaurante le da mala espina.


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